Nueva torre para el volibol dominicano
Dada su imponente estatura, todo parecía apuntar hacia el aro o el diamante, pero él decidió mirar hacia la red.
Moisés Ortiz, un atleta de siete pies y dos pulgadas, oriundo de Peravia, tierra de peloteros, no se dejó seducir por el camino que han recorrido tantas figuras del béisbol en la provincia.
En República Dominicana, cuando un joven muestra condiciones físicas sobresalientes, el veredicto suele ser automático: “ahí hay un buen pitcher”. Otros, más cautelosos, lo encaminan hacia el baloncesto. Sin embargo, Ortiz rompió con ese molde.
Desde temprana edad sintió un apego especial por el voleibol, impulsado por la admiración hacia su madre, Lourdes Valdez, exjugadora destacada en la década de los 2000.

