Drones con explosivos en la recta final de los comicios
Gladys Marín sólo tiene que cruzar la calle para llegar a la escuela donde el próximo domingo funcionarán los puestos de votación del pequeño poblado colombiano en el que vive, pero aún no sabe si lo hará. El miedo por su seguridad podría pesar más que su derecho a elegir al nuevo presidente.
Su casa y la escuela se ubican a menos de 100 metros de la estación de policía de Potrerito, un poblado rural del municipio de Jamundí —en el suroeste de Colombia— que ha sido blanco de ataques con explosivos lanzados desde drones presuntamente por una facción disidente de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que no se acogieron al acuerdo de paz firmado hace una década con el Estado.


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